NECESIDAD DE REFORMAS AL SISTEMA SINDICAL. LLAMADOS A LOGRAR EL CONCENSO SOCIAL. FUERZA DE DIALOGO Y ESCUCHAS ACTIVAS

MARÍA VERÓNICA SÁNCHEZ (1)

“Somos seres políticos, atravesados por la política e inmersos en un mundo de lucha de poderes y desafíos. Estamos exhortados a actuar y obrar en pos de alcanzar la paz social. En ese contexto, debemos comprender al sindicalismo como piedra angular y fundamental del estado democrático, que garantiza mejores derechos laborales para todos.”

 “La historia ha colocado al sindicalismo en un lugar privilegiado y con un destino irrenunciable, que es la defensa de los derechos de la clase trabajadora.” M. V. Sánchez.

RESUMEN: El sindicalismo actual enfrenta el desafío de reformarse y adaptarse a las nuevas realidades laborales, tecnológicas y sociales. Para fortalecerse, debe abrirse a sectores con baja representación (precarios, desempleados, autónomos) y revalorizar su papel social basado en justicia y equidad. La digitalización, la automatización, la globalización y el cambio climático generan brechas y desigualdades que exigen solidaridad y negociación colectiva. Frente al descontento de los afiliados, urge recuperar la escucha activa y el diálogo social, evitando el modelo de “fuerza de choque” y priorizando el consenso. Asimismo, los sindicatos deben ofrecer asistencia integral ante despidos o accidentes, incluyendo apoyo psicológico y programas de outplacement laboral. La capacitación permanente es clave ante los efectos de la automatización, fomentando habilidades técnicas y blandas. También se requiere crear fondos compensatorios, ampliar los servicios culturales y educativos, garantizar transparencia en la gestión y promover liderazgos capacitados. Solo mediante estas

reformas podrán los sindicatos seguir siendo pilares de justicia y defensa de los derechos laborales.

I.- HISTORIA DEL SINDICALISMO ARGENTINO.

Voy a comenzar esta ponencia, con una clase de historia de Felipe Pigna y Osvaldo Bayer, porque considero que es de vital importancia, para comprender el movimiento sindical y sus necesidades adentrarnos en sus hechos históricos. Es entonces, imperioso recurrir a la historia, a la exegesis y el origen del movimiento obrero.

A lo largo de los años hemos visto desaparecer partidos políticos, pero el sindicalismo siempre ha subsistido y resistido a los embates políticos. Sus luchas han sido conquistas para una clase vulnerable, la de los trabajadores. Tienen un fin social y un compromiso mayor con las generaciones presentes y futuras de ser custodios de mejores derechos para la clase trabajadora.

 Este breve relato histórico nos va a ayudar a entender las causas y la necesidad del sindicalismo. Desde donde partió el movimiento sindical y hacia dónde va.

 La historia, como sabemos es una ciencia, que nos cuenta los hechos del pasado, a la vez que nos construye hacia futuro. El pasado nos enseña el camino a transitar, observando los hechos pasados, y mejorando de esta forma las conductas y acciones podremos, construir un porvenir mejor.

Así, en su disertación sobre el sindicalismo, los autores ut supra mencionados nos relatan:

 Las ideologías del movimiento obrero se remontan a Europa, es así que después de 1848, cuando se produce la primera comuna de París, aparecen las dos grandes ideologías del movimiento obrero que van a ser el Socialismo y el Anarquismo. Estas ideologías, más tarde, se van a ver reflejadas en La Primera Internacional que se reúne en Londres en 1864. Ahí aparecen claramente las tendencias del llamado «Socialismo Autoritario» y el Socialismo Utópico.

De alguna manera, la doctrina anarquista va a estar representada por Roudhon y Bakunin. La misma hablaba de una sociedad sin ningún tipo de autoridad como su nombre lo indica: «anarquía»  que significa negación de toda autoridad.  Remarca asimismo el historiador que le resulta interesante hablar de la utopía, porque la utopía tiene hoy en día un sentido negativo, como cuando uno dice utopía parece ser que estamos hablando de gente delirante, de gente que no concreta, de gente como desvalorizada. Y en realidad la función de la utopía es importante porque más allá de la llegada, lo importante de la utopía es el camino. Los teóricos utópicos sabían esto, es más, la palabra utopía quiere decir «en ninguna parte». Entonces, partimos de que sabemos que esto es muy difícil de lograr y casi imposible, pero en la lucha por conseguir este fin tan noble, seguimos logrando cosas muy importantes. No habría ningún problema en calificar de utópico al anarquismo en este punto porque en cierta forma, por definición lo era. Esto de la igualdad entre los hombres, la no existencia de poderes, el combate contra la iglesia y el autoritarismo militar, etc.

Así, la corriente en la que se enmarcaba la acción sindical, era el socialismo representado por Marx y Engels quienes, a partir del Manifiesto Comunista y de otros libros muy importantes, van a plantear otro sistema donde sí aparece una forma de gobierno e inclusive la aceptación de la participación en las elecciones parlamentarias de las burguesías europeas.

Plantean una cosa mucho más gradual y donde también se acepta la lucha sindical, pero con otras características. Estas dos corrientes van a llegar a la Argentina a partir de la década del ’80, incluso un poco antes. Para ser más preciso, remarca Pigna, a partir del ’80 van a llegar por un lado los marxistas y por otro los anarquistas, que se van a manifestar con mayor fuerza a partir de mediados de los ’90, cuando aparezca por un lado el periódico «La Vanguardia» y se funda el partido socialista por Juan B. Justo. Por otra parte, a partir de 1897, es cuando aparece «La Protesta Humana» que va a nuclear a los círculos anarquistas en la Argentina. El socialismo argentino era un socialismo absolutamente moderado. Tal es así que en el número uno de La Vanguardia dice: «somos los herederos de Smith, Ricardo y Marx» en ese orden, es un socialismo cargado de liberalismo muy moderado que acepta en cierta forma las reglas del juego del régimen en cuanto al fraude electoral y demás. Va a participar en elecciones donde funciona el fraude también. El anarquismo, siendo un movimiento más frontal, va a tener más peso y más raigambre dentro del movimiento obrero argentino que va a estar constituido principalmente por inmigrantes.

Es entonces que, a partir de la frase de Alberdi «gobernar es poblar» comienza a fomentarse en la Argentina la inmigración, con el objetivo de traer mano de obra barata. Y si bien los teóricos liberales del ’80 pretendían que vinieran acá anglosajones y gente con mentalidad industrialista, etc., el país no daba para esto, porque el país era agroexportador y a cuyas clases dirigentes lo único que le interesaba era explotar los campos y exportar vacas, cuero y trigo. Así que había una contradicción interesante entre la teoría y la práctica. Concretamente la mayoría de los que vinieron a la Argentina eran campesinos con problemas económicos serios y entre ellos algunos perseguidos políticos, que van a ser los primeros en instalar en nuestro país estas teorías. Y decíamos que el anarquismo va a ser más fuerte en esta primera etapa, justamente por su discurso más directo, un poco más sencillo, más emotivo y también porque se dirigía al extranjero con muchos menos problemas porque, por ejemplo, el anarquismo no exigía la nacionalización de sus militantes como sí lo hacia el socialismo, porque el socialismo necesitaba tener gente nacionalizada para ser electa o elegir por su carácter partidario. El anarquismo, al no reconocer las patrias y las nacionalidades, era un movimiento que favorecía más la asimilación del extranjero. Es así que el anarquismo en la Argentina va a ser muy importante, va tener una gran presencia.  Es menester hacer notar que, a principios de la década del ’10 en la Argentina va a haber dos diarios anarquistas con una tirada superior a 10.000 ejemplares. Una época de alto analfabetismo, es decir, es muy importante el porcentaje de adhesión y de lectura de estos periódicos que implicaba la participación gremial. Fue así que, los primeros gremios fueron efectivamente fundados por esta corriente, nace entonces, el gremio de los panaderos, con la participación de dirigentes gremiales anarquistas muy importantes que pasaron por la Argentina como Gori, como Malatesta. Gente que dejo su semilla.  El anarquismo italiano, por un lado, fue, en un comienzo más preponderante que el anarquismo español, el cual va a llegar en estadios posteriores, siendo su influencia posterior.

Los Trusts controlaban todo el proceso de elaboración y distribución de determinado producto. El movimiento fue muy importante en los Estados Unidos, allí, el ejemplo más demostrable es el Trusa, es la Stein Oil Company Ohaio. Estas grandes empresas comienzan a aplicar una organización metódica del trabajo según los consejos de Frederick Stein, inventores de nuevos procedimientos tendientes a aumentar el rendimiento de los trabajadores. En ese tiempo se establece el método standard para la producción de una pieza en una cadena de montaje. A partir de allí, el hombre se irá transformando en un engranaje de la maquinaria capitalista. Uno de los primeros, entre ellos, en incorporar el método de Tailor, es la Ford Motors Company. Estos fabricantes establecen la cadena de montaje de la cual saldrá los famosos Ford T. Henri Ford decía que cada obrero debería ganar lo suficiente para comprarse el suyo. Creía que la mejor defensa contra el comunismo era el bienestar de los trabajadores y su incorporación al sistema como consumidores propietarios. Una vez satisfechas las necesidades de los mercados internos, la mayoría de los países europeos se lanzan a la consolidación de los imperios coloniales dominando importantes regiones de Asia, África y América. Además del control territorial países como Inglaterra, desarrollan un nuevo modelo de dominación política basado en el manejo de países formalmente independientes. Esta dependencia económica termina naturalmente en dependencia política. La industrialización en las ciudades y la tecnificación del campo provocan un traslado de grandes masas de población hacia las zonas urbanas, que se transforman en grandes del proletariado europeo. En su desarrollo se van a ir formando los sindicalistas y se irá conformando orgánicamente en la Primera Asociación Internacional de los trabajadores, que se reunirá en Londres en 1864. Allí quedan expuestas las diferencias entre los socialistas, representados por Karl Marx y Frederick Engels y los anarquistas, representados por Proudon y Bakunin. Las dos corrientes coinciden en la necesidad de derrotar a la burguesía para construir una nueva sociedad. Los marxistas plantean la creación de partidos obreros y le dan tanta importancia a la actividad política como a la sindical. Los anarquistas por su parte priorizan la actividad sindical oponiéndose a los partidos políticos y a su consecuencia natural. Marxistas y anarquistas ejercen una importante influencia sobre el movimiento obrero y coinciden coyunturalmente en algunos episodios, como la comuna de París en 1971. La Iglesia comenzó a mostrar su preocupación frente a los problemas sociales. El papa León XIII sienta las bases de la doctrina social de la Iglesia en 1891. El documento condena los excesos del liberalismo y exhorta a los católicos a formarse con los obreros. Decía León XIII que, «Se hace oportuno favorecer las sociedades artesanas y obreras que, puestas bajo la tutela de la religión acostumbran a todos sus socios a permanecer contentos de su suerte y a soportar con dignidad la fatiga y a llevar una vida quieta y tranquila». En algunos países de bajo desarrollo urbano como Italia, tardó un poco en insertarse en el mercado laboral.

Los métodos de trabajo que se impusieron a partir del fin de siglo pasado y sobre todo, entrando en el siglo XX como lo son:  el Taylorismo y el Fordismo que, tan bien reflejo Chaplin en la película Tiempos Modernos, donde el hombre estaba cada vez siendo más visualizado como una maquinaria, como un engranaje del sistema. Y contra esto es justamente que van a reaccionar las ideologías obreras. Es tal el auge obrero en Europa y en el mundo, que la Iglesia, que había quedado en una actitud absolutamente desfavorable a los poderosos históricamente, va a tener que empezar a preocuparse un poco por la cuestión social y ahí aparece esta Encíclica Rerun Novarum que tiene un carácter inminentemente conservador pero que, en alguna manera invita a los capitalistas a tener cuidado, a no forzar demasiado la explotación porque esto puede terminar en rebeliones que, no le conviene a nadie. Este era el panorama europeo, que se va a trasladar a la Argentina en cuanto a las líneas del movimiento obrero.

En 1896 Leandro N. Alem, fundador de la Unión Cívica Radical decepcionado por los fracasos políticos y mezclado en la corrupción del régimen, decide suicidarse el 1° de junio. En esa conducción queda su sobrino Hipólito Yrigoyen quien mantiene una línea de la intransigencia revolucionaria. En 1896 en base a algunos grupos opositores, el Dr. Juan Bautista Justo fundó el partido socialista. Sus cuadros son médicos, abogados, en su mayoría trabajadores especializados. Confían más en la acción parlamentaria que en la sindical. Luchan por la dignidad de los trabajadores y la jornada de 8 horas. Sin embargo, su acción proselitista tiene algunas restricciones entre la masa inmigratoria imposibilitada de participar en política por su condición de extranjera. Estos sectores serán absorbidos por la corriente anarquista que se expresa a partir de 1897 a través del periódico “La Protesta Humana”. En sus filas había italianos, rusos y españoles.

El marxismo vino a través de los primeros alemanes que llegaron perseguidos por la línea antisocialista de Bismark. Ellos comenzaron a llevar el marxismo en dos formas. Los que llaman la aristocracia del movimiento obrero, es decir los artesanos, los hombres ya capacitados en el manejo de máquinas eran más bien socialistas, porque los anarquistas respondían a los trabajadores sin oficios: choferes, carreros, panaderos, etc., más bien gente de trabajo simple.  Es muy importante destacar el papel que cumple el movimiento anarquista. Es un movimiento muy plural en el que conviven tradiciones pacíficas con tradiciones violentas, pero que impregnan con una visión muy libertaria de la vida política argentina. Los anarquistas se enfrentan con los socialistas porque dicen que las reformas graduales y la acción parlamentaria son una traición a la clase obrera. La opción es una acción directa: la organización sindical y la huelga general. Sus objetivos son contundentes: hay que destruir esta sociedad injusta para construir una mejor, sin gobiernos y sin religiones. Los sindicatos también fueron centro de reunión y los sábados con las representaciones teatrales y también con las veladas donde iban los payadores criollos a cantar sus cantos ante capitalistas. Y otra de tipo español, como las Verbenas de raigambre catalana y andaluza. En la cultura popular, vestigios de la influencia anarquista perduran hasta ahora. Los panaderos, en su mayoría anarquistas, bautizaron a las facturas con ironía: cañoncitos, bombas de crema, sacramentos, vigilantes y bolas de frailes.

Concluye Felipe Pigna que, esto demuestra la inteligencia y la manera de difundir ideas, hasta los detalles menores que en este sentido, tenían los anarquistas, ya que eran un movimiento sumamente imaginativo. Fíjense que todavía hoy seguimos llamando las facturas en esos términos. Es una manera de instalar en el lenguaje popular una ideología. La otra cuestión es la de los payadores, que llevaban los cantos anticapitalistas al campo para los analfabetos y así difundir esa ideología. Hay algunos versos de payadores anarquistas que a ritmo de milonga contaban «La Conquista del Pan» de Kropotkin y «Dios y el Estado» de Bakunin y efectivamente es muy interesante escuchar estos versos, hay algunas grabaciones que se han conservado de como transmitir libros complicados superiores de filosofía al lenguaje popular. También estaban en representaciones teatrales, los melodramas, los cuadros filodramáticos. Todos lo que tuviera que ver con difundir las ideas en un país con muy bajo porcentaje de alfabetismo y con gente con problemas de idioma por ser extranjeros.

 En un principio la oligarquía ve al anarquismo con simpatía. Hay un artículo de la Revista Caras y Caretas de 1898 donde dice los curiosos anarquistas. Ahora, cuando el movimiento anarquista comienza a actuar y sobre todo cuando comienza a realizarse, a comienzo de 1901, la primera central sindical que es la FOA, donde conviven anarquistas y socialistas por un tiempo corto y donde ya en 1902 aparece la primera huelga general, digamos que esa visión simpática de «curiosos» cambia por la represión violenta ilegalmente establecida, que es la ley 4144 llamada «de residencia», redactada por un literato uruguayo radicado en Argentina, Don Miguel Cané, autor del libro llamado Juvenilla. Lamentablemente, Cané no es recordado por toda su obra. Esta parte de la obra de Cané no aparece tan difundida. Esta ley de residencia, que es totalmente represiva y que estuvo vigente en el país hasta 1958, fíjense ustedes ¡que duración! permitía la expulsión de los extranjeros llamados indeseables, es un término no muy preciso, pero a lo que se refería, básicamente a los dirigentes anarquistas -extranjeros en su mayoría- y que permitía su expulsión del país. Lo grave de esto era que muchos de estos dirigentes habían venido acá perseguidos políticamente, o sea que cuando los expulsaban a su país de origen llegaban allá y los fusilaban directamente; hay una anécdota interesante que dice que los anarquistas crearon una flotilla de barquitos llamada La Libertaria que rescataban a los compañeros que se tiraban al mar rumbo a Uruguay cuando salían de acá y los salvaba a aquellos que iban llevados por la ley de Residencia. Digamos que la combatividad y la resistencia iban creciendo y para 1904 hay otra huelga y  en 1905  otra huelga más. La adhesión de la gente es importante y la combatividad del anarquismo va a ir in crescendo y va a durar aproximadamente hasta 1914 con otras apariciones esporádicas. Es así que, 1904 se produce un hecho muy importante dentro del panorama del movimiento obrero que es la llegada a la Cámara de Diputados de Alfredo Palacios, es el primer diputado socialista de América. En minoría por supuesto, pero por lo menos una vos que hizo aprobar algunas leyes importantes como el descanso dominical, la ley de silla, etc., cosas que la oligarquía fue aceptando de alguna manera, para ir cediendo algo.

Tres hechos históricos tienen que ver con la acción gremial en las calles del anarquismo, como la huelga de inquilinos, la semana roja y el atentado al Coronel Falcón.

En 1907 se produce un hecho inédito en la historia de las luchas populares de la República Argentina, la huelga de inquilinos. Los dirigentes de los conventillos de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Bahía Blanca deciden no pagar los alquileres frente al aumento desmedido aplicado por los propietarios. Las protestas obedecen, además, al descontento por las pésimas condiciones de vida en los inquilinatos. Los protagonistas de estos jornales son mujeres y niños que organizan multitudinarias marchas con las escobas con las que se proponen barrer la injusticia. La represión no se hizo esperar y comenzaron los desalojos. En la Capital Federal estuvieron a cargo del jefe de policía Coronel Ramón Lorenzo Falcón quién desalojó a las familias obreras en las madrugadas del crudo invierno de 1907 con la ayuda del cuerpo de bomberos. El gremio de los carreros, se encontraban a disposición de los desalojados para trasladar a las familias a los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas. Si bien los anarquistas no lograron su objetivo, este movimiento representó un llamado de atención sobre las dramáticas condiciones de vida de la mayoría de la población.

Mientras tanto, la oligarquía a la que le gustaba llamarse alta sociedad, indiferente a estos problemas, que consideraban ajenos, disfrutan de un bienestar que consideran les pertenecía por derecho natural. Era la época de los paseos en globos que Jorge y Eduardo Newbery imponían en Buenos Aires.

La Argentina se convierte en el país que más cereales exporta en todo el planeta, siendo, el granero del mundo.

El primero de mayo de 1909 los grupos anarquistas y socialistas deciden conmemorar, en reuniones separadas, el día del Trabajo. Los socialistas lo hacen en Constitución y los anarquistas a pocos metros del Congreso. Desde horas tempranas comenzaron a llegar las familias obreras con banderas rojas y negras dispuestas a homenajear los mártires de Chicago ahorcados años atrás por reclamar jornadas de ocho horas. Protestaban por la desocupación, los bajos salarios y la indiferencia del gobierno. Van aquel día tomando las palabras encendidos oradores, hombres y mujeres que invitan a la rebelión y a organizarse para cambiar la sociedad, mientras Observaba atentamente la reunión el Coronel Ramón Lorenzo.

El Coronel Falcón era un paradigma del gobierno represor, tanto es así que es la persona que tenía más estatuas en la ciudad de Buenos Aires. Aparte de la placa que tiene en la calle Callao y Quintana, hoy en el bajo Callao se encuentra una estatua dedicada a Falcón. Simón Radowitzky es autor de ese acto retumbante de la esquina de Callao y Quintana. Simón Radowitzky era un anarquista proveniente de Odessa que tenía 17 años, como dice un libro de Osvaldo Bayer “como anarquista justiciero se encargó de meterle una bomba al Coronel Falcón. Tuvo su momento de gloria. Radowitzky es apresado en esa circunstancia e iba a ser fusilado, pero tenía un tío rabino que demostró que no tenía 18 años. Por ese motivo, de acuerdo al Código Penal de entonces, es enviado al sur, a Usuahia. Tras el atentado, el Gobierno declara el estado de sitio y detiene a dirigentes obreros”.

 Los jóvenes de la oligarquía al grito de «viva la patria» atacan e incendian locales obreros y las imprentas de “La protesta” y “La Vanguardia”. En mayo de 1910 la oligarquía celebra el centenario de la Revolución de Mayo. Se organizan grandes desfiles y una exposición universal. La famosa bailarina Isadora Duncan baila el Himno Nacional con la bandera argentina. Se enviaron invitaciones a todos los reyes y gobernantes del mundo occidental, pero sólo aceptó el convite la Infanta Isabel de España. La clase dirigente quiere exhibir los avances del granero del mundo. El movimiento obrero advierte la gran trascendencia de los festejos y aprovecha la repercusión en la prensa internacional para dar a conocer la real situación de los habitantes del país. La fuerza anarquista lanza una huelga general para la semana de mayo y organiza una manifestación que reúne sesenta mil personas frente a la penitenciaria de la calle Las Heras. Piden la libertad de los presos sociales entre ellos Simón Radowitzky. El gobierno de Alcorta decreta nuevamente el estado de sitio y sanciona la ley de defensa social que limitaba seriamente la actividad sindical. Otra vez, grupos nacionalistas que actúan con total impunidad, atacan locales y bibliotecas obreras, las que enseñan el circo de Frank Brown. El gran payaso norteamericano había instalado su carpa en Florida y Paraguay. Los Pitucos decían que la carpa afeaba la ciudad y que llevaba a esa zona elegante, gente indeseable. Es que Frank abría su circo a todas las clases sociales y no cobraba entrada a los niños pobres. El fuego patriótico arraso también con la alegría infantil.

Según Felipe Pigna, esta sería la etapa heroica del movimiento obrero, que como Ustedes vieron, tuvo distintas alternativas, inclusive el acto de Radowitzky que tuvo una gran trascendencia y que fue motivo de lucha por la libertad de Simón durante muchos años hasta que se logró en 1930, poco antes del golpe de Uriburu. Con muchos avatares en el medio, huelgas, pedidos de libertad y demás. El último de estos episodios fue la Semana Trágica en 1919, un poco eco de los sucesos de la revolución rusa que había tenido influencia y repercusión en todo el mundo y también en la Argentina. Fue un movimiento que se originó en un taller metalúrgico en Buenos Aires, que terminó siendo la gran huelga general donde el gobierno radical de Irigoyen terminó en una actitud un tanto confusa, según dicen los historiadores radicales. No tiene demasiado de confusión, simplemente le dio vía libre a las bandas armadas de la oligarquía, llamada Liga Patriótica Argentina, por un lado y convocó a las Fuerzas Armadas a reprimir en la Capital Federal. La cifra de muertos es imprecisa todavía hoy, fue altísima y una enorme cantidad de detenidos, se puede decir que ese fue el último gran hecho del anarquismo, junto con las huelgas patogénicas que también contó Osvaldo Bayer en su libro y que están en la película La Patagonia Rebelde. Esos fueron los dos últimos hechos de la llamada «etapa heroica» del movimiento obrero.

Se habían producido cambios importantes en la modalidad de producción. Aparece la gran fábrica. Por las características de los obreros anarquistas, más vinculados a la actividad artesana-manual, va desapareciendo y se va imponiendo cada vez más la corriente socialista dentro del movimiento obrero, que aceptaba diferencia entre los trabajadores por su calificación, a la vez que aceptaba el tema de las reformas graduales y la negociación con los gobiernos de turno. Esto va a ir implicando una decadencia en el anarquismo, además de la violenta persecución que sufrió, la expulsión de sus dirigentes, cárcel, etc.  Es así que comienza una etapa más protagonizada por el socialismo y la aparición de nuevas corrientes, como por ejemplo el comunismo.

Esta etapa de ascenso va a tener un violento corte en 1930, cuando se produjo el golpe de estado del General Uriburu. Un golpe de estado sumamente represivo. Es en ese momento cuando se crea la CGT con un intento de unificación del movimiento obrero, formada por las corrientes básicamente socialistas y con una corriente nueva que había ido evolucionando partir de la década del ’10, que era la corriente sindicalista revolucionaria. Una corriente que admitía la negociación con el Estado y que aceptaba también las reformas graduales y así va a ser la CGT en 1930. Pero el movimiento obrero va a ser duramente reprimido, aparece la sección orden social de la policía, a cargo del comisario Leopoldo Lugones (H). Y esta organización policial se va a encargar de perseguir sindicalistas opositores y dirigentes políticos de la oposición. Vamos a tener fusilados como el caso de Penina en Rosario, el caso de Di Giovanni en Buenos Aires. Toda la primera parte, el primer lustro podemos decir, que es una época de muy escasa actividad sindical, porque como sabemos las etapas de gran desocupación son momentos de gran movilización.

 Recién a partir del ’35 se va recuperando el movimiento obrero, con la huelga de la construcción, de la carne y demás, pero se estaba produciendo un fenómeno interesante, que es un recambio de su composición. A partir de la crisis del 30, con la crisis del campo y el auge de la industria en las ciudades, comienzan a producirse las inmigraciones internas, lo que provoca una diferenciación en la composición del movimiento obrero. Aparecen los llamados obreros nuevos, que van llegando a la ciudad con ideologías distintas, con una mentalidad más nacionalista, más católica, más conservadora y que van a tener diferencias con el movimiento obrero preexistente, al que podemos denominar obreros viejos. Esto va generando una etapa de confusión y de cierta nómina del movimiento obrero, que se va a definir a partir de 1943, cuando se produce la revolución del 4 de julio. En este contexto, aparece en escena el coronel Perón con su propuesta política y su desempeño en la Secretaría de Trabajo y Previsión. El golpe del ’43 es un golpe sumamente represivo con el movimiento obrero existente, clausura la CGT vinculada a los comunistas y cierra muchos gremios, por un lado,, y por otra parte va generando la aparición de gremios paralelos, sindicatos paralelos que tenían que ver con la adhesión política del nuevo gobierno y sobre todo a la figura del Coronel Perón. Así hay, por parte de Perón, una estrategia que tiene diferentes características: por un lado conciliación,  por otro lado represión y por otro lado la creación de sindicatos paralelos con un importante poder económico y político que además, capitalizaban errores de los sindicatos de izquierda que a veces priorizaban más la atención de lo que estaba pasando en Europa. Es decir, la guerra, más que los acontecimientos que corrían en el país, fueron captando importantes masas de trabajadores y esto fue generando un traspaso importante de dirigentes por un lado y por el otro, base social al nuevo movimiento sindical que, de alguna manera, va a explotar en las jornadas del 17 de octubre de 1945.

 Hay un hecho importante a destacar y es que se conforma un partido eminentemente sindical que va a apoyar a Perón, que es el partido Laborista. Que una vez que Perón toma el poder este partido va a entrar en contradicción, es decir lo va a hacer entrar a Perón en contradicciones porque Perón tiene una propuesta policlasista, o sea de alianzas de clases, en tanto que el partido laborista era un partido claramente sindical.  Es así que, una de las primeras medidas que va a tomar Perón cuando asume, es disolver el poder del partido laborista y cambiar la cúpula de la CGT. Va en consecuencia a conformar un sindicalismo obediente al poder del Estado con la excusa, en un punto cierta, que el nuevo gobierno va a favorecer los intereses de los trabajadores y que por lo tanto no necesita un sindicalismo opositor en la cúpula de la CGT.

Es innegable que el peronismo hace un mayor avance de los derechos del trabajador, cosa que comienza el periodo que arranca en el ’43 cuando Perón tiene la facilidad de estar en un gobierno de facto y sancionar por decreto mucha legislación social de los socialistas, que había quedado siempre muerta en las bancas y en los cajones del congreso.

Ahí aparece la ley de jubilación, las vacaciones pagas, etc. Derechos sociales muy importantes que se van a ir consolidando durante la etapa peronista donde también aumenta notablemente la cantidad de gente sindicalizada. La CGT llega a tener cinco millones de afiliados siendo la central sindical más importante del mundo prácticamente. Y es interesante destacar que la forma de encuadramiento del peronismo era mucho más gremial que política. La gente participaba más del peronismo a través del sindicato que de los partidos políticos peronistas. Digamos e insistimos que la etapa peronista fue una etapa muy importante en el crecimiento del movimiento obrero, en el aprendizaje de sus derechos, pero también fue una etapa donde el excesivo personalismo de Perón quizás, hacia que la solución de los problemas gremiales, se canalizaran más bien por decisiones de arriba y no por cuestiones más horizontales. En tal caso, esta sería como la critica a este periodo tan importante que fue el peronismo. Lo que decíamos, antes de la incorporación a través de los gremios, queda demostrada cuando cae el peronismo y aparece la etapa denominada la resistencia peronista, porque efectivamente el sindicalismo peronista va a asumir un doble rol: político y sindical. Es decir, la oposición a la libertadora y los sucesivos gobiernos va a estar encarnada desde el sindicalismo también a nivel político. Ahí va a ver una acción de resistencia muy importante con huelgas, paros generales, etc. y de parte del gobierno de la revolución libertadora, actos represivos muy notables como recordemos simplemente uno quizás el más conocido que fueron los fusilamientos del 9 de junio del ’56, entre otras cosas como cárceles y demás.

Parte de la gente que no comulgaba con estas ideas solía decir que la gente era peronista porque le daban sidra y pan dulce nada más. Entonces sería interesante recordar que durante el período que va del ’55 al ’73, los peronistas no recibieron absolutamente nada de todo esto. En contraposición, recibían palos, cárceles, etc. y siguieron siendo peronistas, lo cual hay que decir que el fenómeno es mucho más complejo que el simplismo de “panza llena corazón contento”.

La pregunta que infiere Felipe Pigna sería :¿qué vio Perón en los peronistas durante los años de la resistencia? Estos años, que fueron años muy importantes para lo que va a venir después, fueron el momento de conformación del sindicalismo de la resistencia, que tuvo dos vertientes, por un lado el participacionismo, encabezado por Vandor que creo un estilo sindical colaboracionista y más vinculado a los intereses empresarios y por el otro lado, lo que se fue conformando como una corriente claramente combativa que va a tener su expresión en 1968 con el nacimiento de la CGT de los Argentinos y una corriente muy importante combativa que va a tener el exponente más notable, con el sindicalista Agustín Tosco en Córdoba, del sindicato de Luz y Fuerza que organizaba La Manca y tantos otros.

Este sindicalismo va a tener su explosión en las calles con esas jornadas de lucha que fueron El Cordobazo en mayo del ’69, donde es interesante destacar que no fue una jornada de protesta por bajos salarios porque los trabajadores eran los mejores pagos del país, sino que fue la jornada de protesta eminentemente política contra la dictadura de Onganía y que de hecho la hizo caer posteriormente con un año de diferencia pero fue, en cierta forma, el final de la dictadura de Onganía y el inicio de Lanusse y la transición hacia la democracia. Durante todo este periodo fue muy importante la acción de Perón desde el exilio y todas las discusiones, que se dieron acá y que en cierta forma fueron perfilando una discusión interna entre los sectores netamente de izquierda del sindicalismo y los sectores peronistas que actúan conjuntamente en alguna coyuntura. Todo esto fue llevando juntamente con la gran acción de los movimientos populares, los rocazos, los rosariazos, los cordobazos y la aparición de las organizaciones armadas como un movimiento más de presión, apoyadas por Perón desde el exilio y con un interesante nivel de popularidad en ese momento inicial, a que vuelva la vida democrática y que el peronismo retorne al poder con el gobierno de Cámpora. Ahí se produce otro fenómeno, que es la vuelta del peronismo con un peronismo muy distinto, muy fraccionado, muy dividido en sectores que podemos distinguir groseramente entre una derecha sindical y  por el otro lado una izquierda peronista, con sus sindicatos y con su sector sindical, que era en aquel momento la JTP junto con otros gremios independientes que respondían a una tendencia más revolucionaria. Este enfrentamiento, en principio puramente verbal, que tuvo su expresión en Ezeiza ya mucho más seria y armada, se va continuar en la violencia que se va a desencadenar, a partir de ese momento y sobre todo después de la muerte de Perón, con la aparición de grupos que ya existían en vida de Perón, como la Triple A y finalmente digamos, donde se produce la retirada de López Rega, bajo la presión popular en un último gran acto del sindicalismo, que fue el Rodrigazo en el ’75 y va a aparecer de alguna manera este sindicalismo como el único y el último apoyo a Isabel. Finalmente, el golpe militar con todo lo que implicó: la pérdida de cuadros sindicales y la perdida de la capacidad combativa para el pueblo argentino.

Es menester recordar que, la mayoría de los desaparecidos eran trabajadores y hacia ahí apunto la dictadura. Uno de los primeros desaparecidos la madrugada del 24 de marzo fue justamente el dirigente de SMATA de Córdoba René Salamanca, como una especie de ejemplo hacia donde apuntaba la dictadura. La continuidad durante el régimen militar hubo de todo. Hubo gente que resistió, hubo colaboracionistas algunos de los cuales están hoy en el candelero sindical y fue importante en cierta forma la acción del sindicalismo de lo que fue, en aquel momento, la CGT Brasil para la transición democrática.

El sindicalismo, tardíamente recordemos, empezó a tener huelgas y paros en el momento de la dictadura militar, cosa que va a ser bastante más diferente en el período democrático de Alfonsín, con 14 paros generales. Eso terminó o derivó en este sindicalismo que tenemos hoy y que podemos dividir en dos corrientes claramente: una corriente patronal, sin ningún tipo de dudas, que es la CGT oficial avaladora de esta ley y toda la situación vigente, el modelo podemos decir. Y por otro lado, distintas fracciones del sindicalismo verdaderamente opositor, por sus matices que tienen cada vez menos capacidad de acción por el alto nivel de desocupación y por, de alguna manera, la imposición del modelo y un poco la disciplina del mercado que implica que hoy que  las principales medidas represivas lo constituyen el miedo a perder el empleo.

II.- LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.

Es menester tener presente la importancia y vigencia de la Doctrina social de la Iglesia, la cual  marca principios rectores en materia de asistencia social.

La doctrina social de la Iglesia es la que comienza a dar respuestas a la problemática de la revolución industrial y el Marxismo, teniendo su génesis en la encíclica Papal “Rerum Novarum”. La encíclica Rerum Novarum sirve como piedra angular de la enseñanza social católica moderna. Emitida por el Papa León XIII, el 15 de mayo de 1891, fue pionera al abordar las luchas de la clase trabajadora y los desafíos sociales durante la Revolución Industrial. El documento explora las tensiones entre el trabajo y el capital, criticando tanto el socialismo como el capitalismo no regulado y abogando por una sociedad justa fundada en principios cristianos.

 Mediante la carta del Papa León XIII, se inició la sistematización moderna de la reflexión de la Iglesia sobre cuestiones sociales. Así la iglesia reconoció su derecho y su deber de abordar las realidades cambiantes de la vida pública y proponer soluciones genuinas. «Ante un conflicto que enfrentaba a los hombres», el Papa León XIII, por primera vez, estableció y defendió firmemente la autoridad moral de la Iglesia para promover la justicia en la vida pública y, con ello, «creó un paradigma duradero para la Iglesia».  (Papa San Juan Pablo II, 5). El Papa Pío XI afirmó que: “La encíclica de León XIII ha demostrado ser la Carta Magna sobre la que debe fundarse, toda la actividad cristiana en el campo social” (Quadragésimo Anno). Esta enseñanza de la Iglesia es tan importante y completa porque el Papa San Juan Pablo II instó a los líderes católicos laicos a formar su conciencia en los principios de la doctrina social de la Iglesia. (Ecclesia in América). La doctrina social católica se ha introducido incluso, de forma gradual e imperceptible, en la mente de quienes están fuera de la unidad católica y no reconocen la autoridad de la Iglesia. Como resultado, los principios católicos sobre la cuestión social han pasado poco a poco al patrimonio de toda la sociedad humana.  (Papa Pío XI.)

Contexto histórico en que nace la encíclica.

La encíclica Rerum Novarum nació en un contexto de profunda transformación política, económica y social. En plena Revolución Industrial, el desplazamiento masivo de trabajadores hacia centros urbanos alteró el modo de vida tradicional, mientras las migraciones europeas separaban familias. Los obreros enfrentaban largas jornadas, bajos salarios y condiciones peligrosas, en contraste con la riqueza concentrada en una minoría. Paralelamente, los movimientos socialistas y comunistas, inspirados en las ideas de Karl Marx, ganaban fuerza y promovían la abolición de la propiedad privada. Ante este escenario de desigualdad y conflicto, el Papa León XIII intervino con la encíclica de 1891, ofreciendo una respuesta moral equilibrada que rechazaba los extremos ideológicos y defendía la dignidad humana, buscando orientar a una sociedad en transición entre viejas estructuras y nuevas injusticias. El Papa León XIII proporcionó una visión moral equilibrada que rechazaba las ideologías extremas y enfatizaba la protección de la dignidad humana.

«De la Populorum Progressio a la Laudato si”.

En el apoyo a los movimientos sindicales, la doctrina social de la Iglesia se ha explayado largamente. Así pues, es menester pues destacar al Santo Padre Francisco quien se expresó sobre el trabajo y la acción sindical en Carta a los participantes en la Conferencia Internacional «De la Populorum Progressio a la Laudato si”.

 “En el contexto actual, conocido como la cuarta revolución industrial, caracterizado por esta rapidación y la refinada tecnología digital, la robótica, y la inteligencia artificial, el mundo necesita de voces como la de ustedes. Son los trabajadores quienes, en su lucha por la jornada laboral justa, han aprendido a enfrentarse con una mentalidad utilitarista, cortoplacista, y manipuladora. Para esta mentalidad, no interesa si hay degradación social o ambiental; no interesa qué se usa y qué se descarta; no interesa si hay trabajo forzado de niños o si se contamina el río de una ciudad. Sólo importa la ganancia inmediata. Todo se justifica en función del dios dinero. Dado que muchos de ustedes han contribuido a combatir esta patología en el pasado, se encuentran hoy muy bien posicionados para corregirla en el futuro. Les ruego que aborden esta difícil temática y que nos muestren, desde su misión profética y creativa, que es posible una cultura del encuentro y del cuidado. Hoy ya no es sólo la dignidad del empleado la que está en juego, sino la dignidad del trabajo de todos, y de la casa de todos, nuestra madre tierra.

  Por ello, y tal como lo afirmé en la encíclica Laudato Si’, necesitamos de un diálogo sincero y profundo para redefinir la idea del trabajo y el rumbo del desarrollo. Pero no podemos ser ingenuos y pensar que el diálogo se dará naturalmente y sin conflictos. Hacen falta agentes que trabajen sin cesar para generar procesos de diálogo en todos los niveles: a nivel de la empresa, del sindicato, del movimiento; a nivel barrial, de ciudad, regional, nacional, y global. En este diálogo sobre el desarrollo, todas las voces y visiones son necesarias, pero en especial aquellas voces menos escuchadas, las de las periferias. Conozco el afán de mucha gente por traer dichas voces a la luz en los foros donde se toman decisiones sobre el trabajo. A ustedes les pido que se sumen a esta noble labor.

Los sindicatos y movimientos de trabajadores por vocación deben ser expertos en solidaridad. Se necesita invertir en una solidaridad que trascienda las murallas de sus asociaciones, que proteja los derechos de los trabajadores, pero sobre todo de aquellos cuyos derechos ni siquiera son reconocidos. Sindicato es una palabra bella que proviene del griego dikein (hacer justicia), y syn (juntos). Por favor, hagan justicia juntos, pero en solidaridad con todos los marginados.

  III.- LA DIGNIDAD DEL TRABAJO Y DE LOS TRABAJADORES

El Papa León XIII defiende el trabajo como algo honorable y esencial para la vida humana. Afirma que ganarse la vida mediante el trabajo no es motivo de vergüenza, citando a Jesucristo: «¿No es él el carpintero, el hijo de María?» (Rerum Novarum). La encíclica subraya que todos los trabajadores, independientemente de su condición social, merecen respeto y un trato justo. Exige el fin de la explotación y las injustas penurias que pesan sobre la clase trabajadora, denunciando «la miseria y la miseria que oprimen injustamente a la mayoría de las clases trabajadoras». (Rerum Novarum). En su encíclica histórica de 1891, Rerum Novarum, el Papa, y con él la Iglesia, se enfrentaron a una sociedad desgarrada por las disputas y la abordaron en términos directos.

IV.- EL ROL DE LA PROPIEDAD PRIVADA

El Papa León XIII defiende firmemente la propiedad privada como un derecho natural, basado tanto en la naturaleza humana como en la ley divina.

Afirma que las personas tienen derecho a la propiedad como medio para asegurar su sustento y el sustento de sus familias. Como declara: «El principio primero y más fundamental, por lo tanto, si se pretende aliviar la condición de las masas, debe ser la inviolabilidad de la propiedad privada». (Rerum Novarum)

La encíclica rechaza el socialismo, que pretende abolir la propiedad privada y transferirla al Estado, calificándolo de «enfáticamente injusto». Argumenta que dicho sistema socava la libertad personal, distorsiona el papel que le corresponde al Estado y conduce al desorden social. «Por lo tanto, los socialistas, al intentar transferir las posesiones de los individuos a la comunidad en su conjunto, atentan contra los intereses de todo asalariado… el remedio que proponen es manifiestamente contrario a la justicia». (Rerum Novarum).

V.- DERECHOS Y DEBERES DEL CAPITAL Y DEL TRABAJO

Los empleadores y los trabajadores comparten responsabilidades mutuas y cada uno debe al otro justicia y respeto.

Los empleadores deben pagar un salario justo —«El salario no debe ser insuficiente para mantener a un asalariado frugal y de buena conducta»— y garantizar condiciones de trabajo seguras. La explotación se condena como un pecado grave: «Defraudar a alguien del salario que le corresponde es un gran crimen que clama a la ira vengadora del Cielo». Los trabajadores, a su vez, están llamados a cumplir con sus deberes con diligencia y a respetar la propiedad de sus empleadores: «Quienes trabajan… deben emplear fielmente su habilidad y sus fuerzas».

La encíclica rechaza el capitalismo desenfrenado, advirtiendo que la búsqueda exclusiva del lucro conduce a la explotación laboral. En cambio, aboga por un enfoque equilibrado donde el trabajo y el capital colaboren por el bien común.

VI.- EL DERECHO A FORMAR SINDICATOS

El Papa León XIII reconoce en Rerum Novarum el derecho natural de los trabajadores a formar sindicatos o asociaciones para proteger sus intereses. Estas organizaciones son una expresión de la libertad humana y un medio esencial para asegurar salarios y condiciones laborales justas. Afirma que el Estado no puede prohibir tales sociedades, ya que “entrar en una sociedad de este tipo es un derecho natural del hombre”. Además, diferencia los sindicatos libres de los sistemas controlados por el Estado, insistiendo en que deben mantener su independencia y adaptarse a las necesidades de cada época, marcada por mayores niveles de educación, nuevos hábitos y crecientes exigencias en la vida cotidiana (Rerum Novarum, 49).

       VII.- RECLAMOS HACIA EL SINDICALISMO HOY- NECESIDAD DE REFORMAS AL SISTEMA.

El fortalecimiento de los sindicatos debe pasar necesariamente por su adaptación a las nuevas realidades productivas, tecnológicas y organizativas, y por su apertura a sectores con menor presencia sindical: desempleados, precarios, trabajadores a tiempo parcial, autónomos, etc.

Es menester pues, revalorizar la actividad sindical, en pos de un mundo más justo, con asiento en los valores como la justicia social, la equidad, la acción cooperativa y la unión, generando pues de esta forma trabajo decente para todos. Deben pues, los sindicatos, asumir diferentes retos que, si no se afrontan, amenazan el bienestar, las perspectivas laborales y la seguridad de poblaciones enteras.

 La brecha social, vinculada con la digitalización; el déficit y el desajuste de competencias, asociados con la inteligencia artificial, la automatización y la robótica, así como la economía vinculada al uso de plataformas de trabajo digital, y los efectos perturbadores del cambio climático, exigen más que nunca el tipo de solidaridad que defienden los sindicatos.

La globalización ha dejado atrás a muchas personas y comunidades, y persiste una gran dificultad en el acceso a las nuevas tecnologías, por gran parte de la población, lo que se traduce en desigualdades, por motivos socioeconómicos, de edad y de género. Debe pues prestarse más atención a la negociación colectiva y al diálogo social, los cuales pueden complementarse con los esfuerzos de los gobiernos para hacer que los mercados de trabajo sean más adaptables, seguros e inclusivos.

Con la globalización en su apogeo, las nuevas formas de reclamos sociales y laborales se han trasladado a las redes sociales, no teniendo estas manifestaciones una cara visible. Si bien su difusión es rápida, llegando a un gran número de personas, sus efectos tienden a diluirse en el tiempo y sus reclamos se evaporan tan veloz como se esparcen.

Los sindicatos si quieren subsistir, deben dejar de lado las campañas tradicionales y adaptarse al nuevo mundo laboral, generando entusiasmo entre los jóvenes, involucrándolos en sus sistemas de participación. Los sindicatos ante la crisis deben dar respuestas certeras, integrando a las mujeres en todos sus niveles, sin olvidar de la necesidad de organizar a los inmigrantes.

 Aún debilitados, los sindicatos siguen siendo uno de los factores principales en la lucha contra la precariedad laboral y el empleo de calidad. Es de vital importancia la toma de conciencia de que, el sindicato, es un actor clave en la defensa de los derechos de los trabajadores, derechos que no deben conculcar en otros actores políticos o sociales. La actividad por ellos desplegada es salvaguarda del equilibrio que debe existir entre los derechos y deberes emergentes de la relación laboral y de la relación patrón-obrero.

Es menester pues que los sindicatos actúen y efectúen medidas como:

  1. Escucha de los afiliados:  

Muchos trabajadores sienten que los sindicatos ya no los representan ni acompañan ante problemas como accidentes, despidos o jubilaciones. Perciben una falta de escucha y de vínculo por parte de sus dirigentes, lo que provoca descontento y baja afiliación sindical. Algunos líderes gremiales reconocen esta situación y admiten la necesidad de volver a escuchar a las bases, ya que la toma de decisiones unilaterales ha generado un distanciamiento entre la dirigencia y los afiliados.

La importancia de dialogo social

         El diálogo social eficaz requiere de condiciones específicas para que pueda alcanzar su finalidad consensuada, como la existencia de interlocutores sociales fuertes, representativos e independientes, el respeto de los derechos y libertades fundamentales, la confianza mutua, y la voluntad política.

      Sin embargo, en América Latina y el Caribe históricamente se ha registrado un déficit de estos requisitos, lo que ha hecho con que el diálogo social en la región sea aún más desafiante. Las altas tasas de informalidad y las bajas tasas de sindicación y de cobertura de la negociación colectiva, la reducción de los espacios democráticos, una creciente desconfianza en las instituciones públicas y la polarización política terminan por debilitar a los espacios de diálogo.

        Fuerza de dialogo vs fuerza de choque

  Suele verse al sindicalismo como un factor negativo de la sociedad, y en ocasiones se lo denota o se los identifica con sinónimos tales como: los patoteros, los gordos de la movida pesada, los golpista, los desestabilizadores del orden Constitucional, entre otros términos peyorativos y que nada construyen a un sistema democrático, sino que  más bien lo debilitan.

Es imperioso entonces, saber escuchar las necesidades de la población trabajadora y traducirlas en leyes. La imposición de reformas por parte de los gobernantes de las cuales la sociedad no comulga, a la larga se traduce en malestar, y reclamos judiciales más costosos para toda la sociedad.

Los sindicatos deben, en consecuencia, luchar para ser una fuerza de dialogo y de conquista de derechos, de consenso y no una fuerza de choque. El dialogo inteligente ayuda a frenar avances destructivos, cuanto más se haga uso y abuso del dialogo, mayor va a ser la oportunidad de acuerdo. Ni la crisis, ni el conflicto nos debe asustar, siendo este último el disparador para encontrar mejores soluciones.

En países como el nuestro, los sindicatos tienen un papel esencial en la elaboración de políticas laborales. La dirigencia política debe negociar con ellos, y el sindicalismo debe discernir qué es negociable y qué no, siempre con el objetivo de mejorar los derechos de los trabajadores.

  • Asistencia ante el despido. accidente

         Frente al infortunio que representa para el trabajador el despido, muchas veces los trabajadores  no encuentran en el sindicato la debida asistencia legal, ni psicológica. El despido no solo constituye la contingencia social, de quedarse sin trabajo, sino que también abarca la  pérdida de confianza en sí mismo, que experimenta el trabajador. Así debe  enfrentar, problemas no solo de índole económica, sino también  de índole psicológico, sumado a la pérdida del salario que  constituye en ocasiones su única fuente de ingresos familiar.

     Nos encontramos entonces con un trabajador que, va a dejar de percibir su salario, su subsistencia. Como afrontar dicha circunstancia, que se le plantea tiene un matiz que, deberá necesariamente ser acompañada, muchas veces, de la intervención de un profesional de la salud, psicólogo.

Cabe entonces preguntarnos si están los sindicatos agiornados, para brindar este tipo de asistencia al afiliado. Creo que no. Lo mismo ocurre cuando al trabajador le sucede un accidente de trabajo o enfermedad.

         Asimismo creemos que, el sindicato debe brindar a sus afiliados el servicio de Outplacement laboral.

El Outplacement laboral implica ayudar a aquellos que han sido despedidos a hacer una transición lo más fluida posible hacia un nuevo empleo. Generalmente significa acceso a coaching profesional, contar con profesionales en recursos humanos que intervengan y colaboren en el desarrollo de currículum, así como el diseño del perfil en LinkedIn, el entrenamiento en entrevistas, networking, y el desarrollo de habilidades.

El Outplacement laboral está diseñado para guiar a los ex empleados a lo largo de todo el proceso de transición de carrera.

No se trata simplemente de encontrarles otro empleo; se trata de tomar una pausa, evaluar hacia dónde quieren ir y hacer todo lo posible para ayudarlos a llegar allí.

Durante un despido, siempre hay luz al final del túnel. Las emociones gradualmente disminuyen y las oportunidades inevitablemente surgen.

Así los líderes sindicales, pueden influir en la cantidad de luz de ese final del túnel. Transformar un momento oscuro en algo positivo para muchas personas, ayudándoles a enfrentar el futuro no con miedo o inquietud, sino con resiliencia y optimismo.

3.   Capacitación, educación y desafíos de la Automatización en el empleo.

La capacitación de trabajadores es esencial. Hoy día luce como imperioso dotar a los trabajadores de herramientas para afrontar los nuevos cambios laborales, sobre todo por la implementación de la I.A. en los actuales procesos productivos. Capacitarlos en las nuevas tareas, y mitigar los efectos que este cambio provoca en sus vidas de trabajo es fundamental y urgente. Hay oficios que serán en poco tiempo obsoletos, entonces la escuela, la formación es la principal herramienta que tenemos para reorientar habilidades y reducir brechas de talento.

La adquisición de habilidades blandas, ayudaran a los trabajadores a adaptarse a los nuevos escenarios laborales. Este proceso, puede llevar meses, pero un trabajador capacitado va a poder permanecer en el trabajo y consiguientemente en el sindicato. Si no capacitamos trabajadores, la merma laboral se verá reflejada tarde o temprano, en la baja sindicalización por pérdida de empleo. En consecuencia, la educación debe orientarse hacia competencias en línea con la innovación tecnológica. Así, la educación que trasmite habilidades es una herramienta para dotar a la población de trabajadores de mecanismos de supervivencia. La automatización está reconfigurando el trabajo en diversas esferas, incluyendo el empleo asalariado, doméstico y comunitario.

La automatización, entendida como la sustitución de tareas humanas por sistemas automatizados, busca mejorar la eficiencia y productividad, pero también puede resultar en la pérdida de empleos, especialmente en sectores de baja calificación. Las clases menos propensas a la automatización son aquellas vinculadas a la dirección y propiedad del capital, mientras que los trabajadores manuales de pequeños establecimientos enfrentan mayor riesgo. La probabilidad de automatización también varía según el género, siendo mayor en varones, y por nivel educativo, donde los trabajadores con educación superior tienen menor riesgo.

Es fundamental invertir en formación y desarrollo de habilidades para que los trabajadores se adapten a las demandas cambiantes del mercado laboral.

El Premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Tres académicos cuyas investigaciones redefinieron la comprensión del crecimiento económico sostenido. La Real Academia Sueca de Ciencias anunció el lunes 13 de Octubre de 2025 que los economistas son reconocidos “por haber explicado el crecimiento económico impulsado por la innovación”.  El historiador económico Joel Mokyr (Leiden, Países Bajos, 1946) centró su obra en explicar cómo la relación entre conocimiento científico y aplicación tecnológica transformó las economías modernas. Su investigación demostró que el progreso sostenido se produce cuando las innovaciones tecnológicas se basan no solo en la experiencia empírica. Sino también en explicaciones científicas que permiten perfeccionar los descubrimientos existentes. Mokyr sostiene que la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII —con su énfasis en la medición, la experimentación y la reproducibilidad— sentó las bases del crecimiento industrial que comenzó en Gran Bretaña.

El académico identificó, además, factores institucionales que facilitaron este proceso: sociedades abiertas al cambio, redes de artesanos y técnicos calificados, y un entorno político que no impedía la difusión de nuevas ideas. En palabras del comité sueco, su trabajo “muestra cómo la interacción entre cultura, conocimiento y tecnología es la clave para entender el desarrollo económico moderno”. Por su parte, Philippe Aghion (París, 1956) y Peter Howitt (Canadá, 1946) desarrollaron un modelo matemático que formalizó el concepto de “destrucción creativa”. Originalmente formulado por Joseph Schumpeter.

En su célebre artículo de 1992, los economistas explicaron cómo las nuevas tecnologías y productos reemplazan constantemente a los antiguos, impulsando la productividad y el crecimiento a largo plazo. Sin embargo, este proceso —advirtieron— también genera tensiones: las empresas líderes del pasado pierden terreno cuando emergen innovaciones superiores. Su modelo integró los vínculos entre investigación y desarrollo (I+D), mercados financieros, competencia y dinámica empresarial. Demostrando que el crecimiento no es lineal ni uniforme, sino el resultado de una competencia continua por mejorar.

El Comité del Nobel destacó que sus hallazgos “proporcionan una guía esencial para el diseño de políticas públicas que equilibren los incentivos a la innovación con la necesidad de proteger la competencia”.

Implicancias y desafíos para las economías modernas

La nueva tecnología, va a desplazar la vieja tecnología en sus avances. Viejos  trabajos desaparecerán, y otros nuevos surgirán y  esto nos lleva a pensar en los desafíos del crecimiento que  la clase trabajadora deberá afrontar. El crecimiento necesita que las personas se adapten y adquieran nuevas habilidades para beneficiarse del progreso, lo que a menudo implica el apoyo de redes de seguridad social y políticas educativas. Acá los sindicatos deberán acompañar con capacitación.

4. Ayuda compensatoria- reaseguros frente al despido.

Frente al flagelo que representa el despido y la insignificante suma que abona el Estado al trabajador en concepto de Seguro de desempleo en nuestro país, es imperioso pensar formas de contrarrestar esta pérdida del salario. Es propicio pues, acompañar el periodo de desempleo con un aporte mensual desde el sindicato,  sea través de compañías de seguros que abonen una suma similar al salario al trabajador o a través del propio sindicato, ello  hasta que el trabajador logre conseguir un nuevo trabajo e ingresar nuevamente  al sistema.

Es menester entonces que, el sindicato articule alianzas con compañías de seguros y/o entidades bancarias o que reorganice dentro de la propia institución un sector compensatorio para acompañar este lapso de tiempo en que el trabajador se encuentre desempleado, cumpliendo de esta forma su rol solidario.

             5. Mayor ofrecimiento de Servicios.

 Los sindicatos deben brindar más y mejores servicios. Así debe ocuparse de ampliar las ofertas turísticas, ofrecer espacios de  recreación y arte, entre otros, donde los afiliados puedan encontrarse y sentirse  parte de un sistema de solidaridad.  En ocasiones los sindicatos cuentan con coyunturas edilicias grandes, monstruosas, pero vacías de contenido. De realizarse una correcta utilización de dichos espacios, los afiliados podrían concurrir a clases de teatro, cine, yoga, recreación, así como talleres de capacitación. Podrían dictarse allí, clases de informática, IA, robótica, idiomas e incluso enseñar a leer y escribir a aquellos trabajadores que se encuentran hoy día analfabetos. La analfabetización redunda en una pérdida de derechos, colocando al trabajador en una grave situación de vulnerabilidad. No debe olvidar el sindicalismo que fue cuna de grandes movimientos artísticos y literarios, así Evaristo Carriego reflejó sus obras reflejaba el pesar de la clase obrera dando lugar y letra a diferentes tangos.

         6. Transparencia sindical.

 Es de vital importancia, tan es así, que la pérdida de confianza en los líderes acusados de corrupción, desalienta la sindicalización, destruyendo el sistema mismo, a la vez que lo debilita quitándole su fuerza de lucha. Los dirigentes gremiales deben demostrar transparencia, a través de sistemas de control ya sea interno o externo al propio sindicato.

        7. Formación de líderes.

Las y los líderes sindicales son quienes promueven los derechos laborales para el mejoramiento profesional, social y económico de las y los trabajadores. Para ello, se requiere que desarrollen habilidades para entender y dirigir a las personas agremiadas, generando condiciones de confianza, cooperación e identidad, que luego se traduzcan en cambios positivos en las condiciones laborales y en la calidad de vida de las personas trabajadoras.  Es pues necesario la capacitación para brindar un mejor servicio a los afiliados. Así es menester destacar que El Ministerio de Capital Humano, Trabajo, Empleo y Seguridad Social ha activado programas de capacitación sindical. Los Sindicatos son actores fundamentales de las relaciones laborales. Por ello, contar con organizaciones sindicales capacitadas, fortalecidas y organizadas impacta de manera positiva en la defensa de los derechos de trabajadoras y trabajadores. El Programa de Apoyo a la Formación Sindical promueve y desarrolla iniciativas de formación sindical, entendiendo la capacitación como una herramienta fundamental para el fortalecimiento de las capacidades de los cuadros de conducción, representación y negociación sindical actual y futura. Desde el Programa se elaboraron manuales, destinados a la formación de delegados, delegadas y dirigentes.

VIII.- CONCLUSIONES 

Los sindicatos a lo largo de la historia han sido instituciones fundamentales e instrumentos necesarios en el Estado para el desarrollo de sus políticas sociales al acercarse a la clase trabajadora. Luego de diferentes luchas, los sindicatos  han logrado organizarse, imprimiendo conquistas  y obteniendo leyes a favor de la clase obrera. Actualmente el dialogo social y la negociación colectiva son las formas más útiles para lograr un mundo mejor en el ámbito laboral contribuyendo, al desarrollo  de la sociedad toda.

IX.- FUENTES:

·  Levy Yeyati, Eduardo y Judzik, Darío. Automatizados.

· Ministerio de Capital Humano Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Programa Apoyo a la Formación Sindical

·  Sindicatos: la necesidad de reinventarse. Revista IDEIDES, Sánchez, M. Verónica (Documento de análisis sobre la renovación del movimiento sindical).

·  Pigna, Felipe y Bayer, Osvaldo. El sindicalismo, ayer y hoy.