LIBRO: «A TRAVÉS DEL ESPEJO. OTRA MIRADA AL DERECHO DEL TRABAJO».  

AUTOR: JUAN MARTIN MORANDO

PROLOGO DE ALEJANDRO PERUGINI Y PALABRAS PRELIMINARES DE JULIO GRISOLIA

EDITORIAL DEPALMA-THOMSON REUTERS. MAYO 2026

PROLOGO DE ALEJANDRO HUGO PERUGINI

Quiso el destino, siempre caprichoso y habitualmente inentendible, que este libro, pensado como un desafío en tiempos en que la irrupción de un movimiento con pretensiones anarcocapitalistas en el gobierno del país a partir de cierto respaldo popular no parecía una opción siquiera imaginable, llegara en un tiempo que nos coloca ante el riesgo de confundir su

mensaje y restarle, en alguna medida, el respeto y la atención que el peso de su solidez conceptual, ciertamente no exenta de la originalidad y creatividad que caracterizan a nuestro querido autor, merecen. 

No es culpa de Juan Martín que “la rebeldía”,  que siempre guio sus pasos, pueda haberse “vuelto de derecha”,  ni tampoco que,  lejos de la implosión que Marx predijo para el  capitalismo a partir de sus contradicciones internas,  haya sido el modelo del Estado Benefactor el que,  a partir de su incapacidad de cumplir sus promesas y cierto descrédito de sus operadores,  ingresara en una etapa de crisis (terminal?) que,  a su vez,  explicaría la primera afirmación. 

No obstante, aunque el contexto ha ciertamente cambiado, su propuesta, nacida desde la

convicción, la investigación y un profundo análisis de la realidad, se distingue con claridad, básicamente a partir de su invitación al diálogo y la reconciliación de universos de sentido pretendidamente antagónicos, de las prédicas ignorantes, oportunistas e intolerantes que, hoy por hoy, prevalecen como verdades absolutas en un mundo próximo a reformas laborales tendientes a disciplinar el mundo del derecho del trabajo, al derecho todo tal vez, bajo la 

“gobernanza” propia de la llamada cultura neoliberal, donde el “homo politicus” y “el homo jurídicus” han sido desplazados por un “homo economicus”, desde el cual se pretende dar un único sentido a todas las acciones colectivas e individuales, y donde la democracia y la institucionalidad tienden a desaparecer en un mar de justificaciones basadas en la rentabilidad. 

La originalidad de esta obra,  que posiblemente comenzó a escribirse el primer día en que nuestro autor tomó contacto con un derecho del trabajo que desde un principio pareció resultarle incómodo, insuficiente e injusto, hecho que presumo ocurrido antes de que fuera siquiera consciente de ello, está dada no solo por la valiente decisión de arriesgarse a aportar una mirada diferente desde la pertenencia y el universo en el que se ha formado,  aspecto en el que aventaja en mucho  las advenedizas irrupciones de los economistas devenidos en juristas, sino porque,  siempre fiel a si mismo, Juan Martín lo hace desde la honestidad,  la lucidez,  la creatividad y la naturalidad con la cual se ha conducido y conduce en todas las decisiones de su vida.

El relato,  directo,  caracterizado por un lenguaje comprensible y ameno,  nos invita a hacer consciente la necesidad de un pensamiento interdisciplinario y crítico de las normas del derecho laboral,  comprensivo de todas sus variantes y protagonistas,  poniendo a la luz realidades que el dogmatismo que impera en la materia se niega a observar, e, inclusive,  argumentando sobre la propia ineficacia de esa mirada sesgada  en la concreción de sus objetivos,  y,  sin renunciar a la solidez argumentativa, lo hace exponiendo sus ideas desde  el compromiso y el riesgo personal, el mismo que lo ha llevado a abandonar la previsibilidad de una función jurisdiccional para arriesgarse a su reconstrucción profesional dentro de un universo más cercano a  sus convicciones,  desde el cual, con su propio ejemplo y sus actos,  nos invita a pensar, a pensar diferente,  a tomar riesgos para ser mejores, para tener un mejor derecho, para tener una mejor sociedad. 

Es posible que algunas de las ideas expuestas en este texto, leídas con liviandad y desde el condicionamiento cultural histórico que irreflexiblemente parece condicionarnos a estar en uno u otro de los extremos cual si la realidad no tuviera matices, puedan parecer funcionales a las de quienes, desde un discurso meramente economicista,  no dudan en descalificar y despreciar los valores del universo de sentido desde los que se ha construido,  con aciertos y errores,  aquello que podríamos llamar el derecho social.  Sería una falsa percepción.  Las ideas de este relato se concibieron desde el propio derecho del trabajo, como una invitación al diálogo con otros modos de concebir la realidad, no antagónicos sino complementarios, y no desde una suerte de revanchismo destinado a la aniquilación de todo pensamiento diferente, y de las instituciones y personas que los representan.  

Dicen que nada llega antes de tiempo ni de casualidad,  lo cual explicaría que nuestro autor haya tenido que vivir descalificaciones y desplantes como las que,  con su estilo extrovertido y descarnado,  nos confiesa en su introducción a la obra,  para obligarse a buscar,  en otros ámbitos y en personas con otra mirada,  el alimento suficiente para canalizar y desarrollar las ideas que  en verdad lo representan, las cuales generosamente,  cultivadas,  desarrolladas y en plena salud, nos comparte desde una pertenencia a sus orígenes que no puede ni quiere ocultar,  pues,  incomode a quien incomode,  su obra pertenece al derecho del trabajo, tal vez a un nuevo derecho del trabajo donde otras voces y perspectivas puedan ser  bienvenidas.    

Una compleja trama de vínculos familiares, sociales y afectivos, que trascienden nuestra propia generación, me han permitido ver en primer plano el crecimiento profesional y personal de una mente singular, que ha enfrentado sus zonas oscuras para brillar más fuerte, para finalmente convertirse en una voz ineludible en el acercamiento entre el derecho del trabajo y las perspectivas económicas que lo condicionan.  Pese a ello, estoy convencido que esta obra no es aún el fruto acabado de su madurez, sino un paso más ciertamente relevante y que desde lo personal me llena de enorme felicidad, de lo mucho que aún tiene para entregarnos. 

Espero que el lector, además de la información privilegiada que no encontrara en otras obras de la especialidad, pueda también hallar en estas páginas el mismo placer que, desde una posición privilegiada de reuniones y veladas no exentas de combustible espirituoso, me provee el compartir e intercambiar ideas con nuestro autor con habitualidad.   

No es necesario para ello coincidir con todas y cada una de ellas (de hecho, el no cree en la existencia de un universo neoliberal que yo considero nuestra “matrix”), sino tan solo abrir la mente, abandonar posiciones dogmáticas y dejarse llevar, para comprender que, desde la buena fe y la inteligencia, las posiciones extremas tienden a carecer de sentido.  

Solo queda por expresar a Juan Martín mi agradecimiento por distinguirme con el honor de presentar a ustedes esta obra, su obra.  La obra de una gran persona y de un autor que, sin duda alguna, merece y debe ser escuchado.